sábado, 30 de abril de 2011

GUANTÁNAMO


Leo estos días en El País todas esas informaciones previsibles aunque desconocidas hasta ahora sobre Guantánamo. Y uno no sabe si indignarse o acojonarse porque si el país que porta el estandarte de la libertad, la justicia y los derechos humanos, que nos hace ver y sentir al resto de los insignificantes mortales que sin su presencia estaríamos perdidos y expuestos a los más terribles males, es capaz de acometer tales atrocidades pues la cosa pinta muy fea. Torturas, vejaciones, horror, cualquier cosa ha sido permitida con tal de… ¿con tal de qué? ¿De enseñar al mundo que ellos los tienen más grandes y más gordos que los demás? Esto, del gobierno anterior del Sr Bush, vale, era una seña más de identidad de su manera de entender la vida, pero que el Sr Obama, en el tiempo que lleva ya a los mandos, no haya sido capaz de cerrar ese lugar es sobre todo motivo de pena y vergüenza. Mandamos aviones a bombardear ciudades, ponemos y quitamos líderes políticos en países que están en los confines de la tierra, decidimos sobre como nacemos y como morimos, cuanto cuesta el dinero y los intereses del dinero, y no somos capaces de cerrar una mierda de sitio. Curioso.  Me agarro a lo que ayer dijo Ana María Matute en su gran día por el premio Cervantes: “Si alguna vez veis algún personaje de estos por la calle creéroslo, me lo he inventado yo”. Soñaré que todo esto es mentira, y que lo que leo cada día se lo inventa alguien al que por delicadeza y educación hago que me lo creo aunque sé perfectamente que es mentira. Tiene que ser mentira.

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