viernes, 2 de septiembre de 2011

EL DEDO


Que de cosas han pasado desde que cerramos el chiringo allá por finales de julio, y para ser sincero hasta como quien dice ayer no he tenido muy claro si iba a poder retomar esta gratificante actividad de tener un día a la semana unas líneas para escribir y decir lo que me da la gana. Y todo empezó cuando pensé que iba a ser abducido por una turba que de repente inundó Madrid, ciudad donde habito y cohabito. Mogollón de super mega guays cantando canciones de misa que por cierto habría que dar un toque a Carlos Jean para que haga algunos arreglos porque todas suenan igual que cuando yo llevaba babero. Una happy pandi de chicos y chicas bronceados recien llegados de sus vacaciones con papá y mamá que cada vez eran más, se multiplicaban como panes y peces con sus inconfundibles disfraces marketinianos de variopintos colores. Canciones por la mañana, por la tarde para disturbar mi sagrada siesta, y por la noche. Canciones que hablaban de barcas, amaneceres, gozos, espigas doradas, y no se que más positive thinking. Guay, guay requeteguay. No voy a caer en la tentación de apuntarme a los que han criticado con vehemencia estos fastos porque todo el mundo tiene derecho a celebrar lo que le plazca, y sí se cierran calles para que el Real Madrid recorra en autobús descapotable la ciudad celebrando que han ganado el Trofeo Bernabeu (el único trofeo a su alcance en estos momentos) pues el mismo derecho tienen los que creen en el Papa y en su iglesia. En cualquier caso tanto los unos como los otros coinciden en adorar y venerar a un ser superior que viste de blanco y que con sus dedos dictan sentencias.

No hay comentarios:

Publicar un comentario