viernes, 17 de mayo de 2013

EL JABÓN DEL BANQUERO

 



Pensaba que nunca iba a llegar este momento, pensaba que ningún banquero de esos que han provocado este desastre en el que nos encontramos sumidos pisaría una carcel. Pensaba que el jabón  solo se nos iba a caer a los pobres desgraciados que por su culpa cada vez que nos agachamos nos dan por culo con algún recorte social más, o con cualquier subida de impuestos más, o con cualquier tocapelotez más. Ahora el jabón, al menos durante un día, se le puede caer a él y cualquier recluso necesitado de cariño le va a dejar un recuerdo que nunca podrá olvidar si esto pasa, igual que muchos no podrán olvidar que bajo el mandato de este señor el banco que dirigía robó y estafó todo lo que pudo y más y a todo el que pudo y más. Solo estará un día, o quizás unas horas, porque su sucia cuenta corriente no tendrá que hacer ningún esfuerzo para desprenderse de dos millones de euros para evitar así que su amorzote de la ducha se enamore demasiado de su impoluto trasero, siempre sentado sobre sillas de terciopelo, y la cosa pase a mayores; que es que este deseo se haga recíproco. Es el primero de una larga lista que de momento sigue meando colonia, descendiendo por las pistas de esquí más exclusivas y cenando y comiendo en los restaurantes de postín mientras que la mayoría las pasa canutas tratando de llegar a fin de mes o angustiados por si el siguiente despido o la siguiente empresa que echa el cierre es la suya. De nada vale ver como en otros paises más civilizados la ley sí es igual para todos, aquí seguimos con la peineta (la de vestir y la otra) y que siga la fiesta. Por eso me estraña tanto que un juez haya mandado a la carcel a uno de estos que aunque solo sea por unas horas volveré a pensar que es posible, que el que la hace la tiene que pagar. Serán solo unas horas, pero serán gratificantes, igual que la experiencia del Sr Blesa, que habrá durado unos segundos pero le habrá resultado de lo más placentera.

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